LOS PRIMEROS VIAJEROS OCCIDENTALES EN LAOS

Los primeros occidentales de quienes se tiene constancia que estuvieron en territorio laosiano fueron los aventureros Blas Ruiz y Diego de Veloso, castellano y portugués respectivamente. Su paso por Viang Chan en 1596 se debió a motivos circunstanciales, ya que fueron ahí con el objetivo de encontrar al rey camboyano Satha, que se había exiliado en Viang Chan tras ser derrocado. La intención de Ruiz y Veloso no era otra que devolverle el trono de Camboya para ganar para sí mismos el máximo grado de poder dentro de la corte camboyana. Eran la avanzadilla del imperialismo español de la época en el sureste asiático, orquestado desde las Filipinas. El dominico Fray Gabriel de San Antonio, que narró las sangrientas aventuras de Ruiz y Veloso por la región bajo el título Breve y verdadera relación de los sucesos de Camboya (1604), dejó escrita en esta obra alguna vaga impresión sobre el reino de Lan Sang, del cual asumía que era un reino con grandes riquezas, y afirmaba que la prosperidad de Camboya se debía en gran parte a su conexión con aquél. Sin embargo, el reino de Lan Sang era por aquel entonces un auténtico desconocido para los europeos, y la vaga imagen que se tenía de él se basaba en conjeturas y relatos de segunda mano.

blas ruiz
El siguiente viajero occidental en llegar a Lan Sang fue el comerciante holandés Gerrit van Wuysthoff, y lo hizo en 1641 al servicio de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, con el objetivo de evaluar la posibilidad de establecer relaciones comerciales directas con Lan Sang y de instaurar ahí una embajada. El interés comercial residía en la obtención de materias primas como el oro, la laca o el benceno. Su expedición llegó al reino de Lan Sang remontando el río Mekong desde la actual Camboya y fue recibida con grandes honores por el rey Suriñavongsa, pero Van Wuysthoff solamente permaneció en Viang Chan por menos de dos meses, y el proyecto fue finalmente desestimado a causa de la demora excesiva y las incomodidades del trayecto. El comerciante holandés dejó constancia de sus impresiones en su diario de viaje que, traducido al francés (“Le journal de voyage de Gerrit van Wuysthoff et de ses assistants au Laos” -1641-1642), sería utilizado dos siglos más tarde como guía en las expediciones francesas del Mekong. Desgraciadamente sus anotaciones se centraron solamente en los aspectos comerciales, y no en la cultura local.

Compañía neerlandesa de las Indias orientales
Sólo unos meses más tarde llegó Giovanni-Maria Leria, un misionero jesuita italiano que se estableció en Viang Chan durante cinco años, entre 1642 y 1647, acompañado por el sacerdote italiano Filippo di Marini. Su aspiración era convertir a la población local al cristianismo, y con ese objetivo aprendió el idioma lao y estudió la religión y las costumbres locales. A pesar de que no logró la autorización para llevar a cabo su misión de conversión, su estancia dio como fruto el libro “Una nueva e interesante descripción del reino lao”, escrito por Marini, un valioso documento que permite conocer cómo era el reino de Lan Sang a mediados del siglo XVII, así como la grandeza y majestuosidad de la corte de Suriñavongsa y de sus prácticas religiosas. La visión que Leria tuvo del carácter de los habitantes autóctonos no pudo ser más positiva: de ellos dijo que eran “pacíficos y poco versados en el arte de la guerra”, e incluso que “la hostilidad y las querellas no existen ahí. Nunca ninguno de ellos ha hablado mal de otro”. Siguiendo con su visión idealizada, Leria afirmó que el carácter autóctono era de “perfecta sinceridad. Sin mentiras, humildes y corteses, invariablemente dignos de confianza, afables, complacientes, razonables” .

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Tras la visita de los misioneros italianos transcurrieron más de dos siglos sin que se tenga constancia de que ningún viajero occidental llegase al territorio del actual Laos, y ello se debe a la gran agitación interna que el reino vivió durante aquel período. Lan Sang había entrado en una etapa de decadencia, durante la cual fue saqueado repetidamente y escindido en varios reinos que se convirtieron en vasallos de Siam.

La llegada del francés Henri Mouhot a mediados del siglo XIX marcó un punto de inflexión en cuanto a la presencia de occidentales en Laos, pues a partir de aquel momento tanto la afluencia como la influencia de los occidentales crecerían de manera fulgurante. Mouhot fue un filólogo, fotógrafo, entomólogo y ornitólogo francés que en 1857 emprendió varias expediciones de recolección de datos científicos y sociológicos por Siam, Camboya y Laos, en un proyecto financiado por la Sociedad Geográfica y Zoológica de Londres. A diferencia de las anteriores expediciones europeas y, sobre todo, de las futuras expediciones francesas, su viaje tuvo un carácter marcadamente científico, por su voluntad de recopilar y describir el mayor número posible de especies animales y vegetales autóctonas de la región. Por desgracia, sus muestras zoológicas y botánicas se perdieron al hundirse el barco que las transportaba.

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Su descripción de Laos anticipó algunos de los contratiempos que sufriría poco tiempo más tarde la administración francesa, puesto que advirtió las grandes dificultades que conllevaría el intento de establecer una relación comercial desde Laos hacia otras regiones, tanto por vía terrestre como fluvial. Más conocido por ser el primer europeo que escribió sobre los templos de Angkor (Camboya), fue también el primero en llegar a Luang Phabang en 1861, ciudad que describió como “un pequeño paraíso”. A pesar de ello, su opinión sobre los habitantes autóctonos fue negativa, aunque sus valoraciones a menudo parecen expresar una frustración personal con el entorno. Así, reflejando el sentimiento de superioridad propio del colonialismo, Mouhot se refirió a los laosianos como “una raza de niños, sin corazón ni energía. El enervante clima les hace ser apáticos”. Respecto a su laboriosidad, Mouhot afirmó: “su pobreza raya la miseria, pero es básicamente un resultado de su excesiva indolencia, ya que solamente cultivan el arroz suficiente para su sustento; hecho esto, pasan el resto de su tiempo durmiendo, holgazaneando en el bosque, o visitando a sus amigos” .

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Esta concepción extendida entre los colonizadores franceses se ejemplifica en un dicho que se hizo popular en aquella época, que comparaba la laboriosidad de los habitantes de los distintos territorios indochinos bajo dominio francés, según el cual “los vietnamitas cultivan el arroz, los camboyanos miran cómo crece y los laosianos simplemente lo escuchan crecer”. Mouhot pasó los últimos cuatro años de su vida viajando por Indochina y Siam, y murió en las inmediaciones de Luang Phabang a causa de la fiebre tropical. Fue enterrado en la ribera del río Nam Khan, a pocos kilómetros de esa ciudad, y cuando seis años más tarde la expedición francesa comandada por Doudard de Lagrée y Francis Garnier encontró el lugar, erigió ahí una tumba en su honor en señal de gratitud.

Fue durante la época colonial cuando se extendió entre los laosianos el uso de la palabra falang, que en el idioma lao significa literalmente “francés”, pero que ha ampliado su significado para designar a todo individuo de aspecto “occidental”. Sin duda alguna falang es una de las palabras que todo viajero escuchará más veces durante su estancia en Laos. El uso del término farang para designar a los europeos posiblemente empezó en el reino de Ayutthaya en el siglo XVII, cuando se intensificaron los contactos con mercaderes y misioneros extranjeros. Esa designación “provenía de los reinos malayos del sur donde los mercaderes eran conocidos como feringgi, una palabra derivada de franks, un antiguo término árabe para los cruzados. ”

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Y bastantes aspectos en común con los cruzados tuvieron los estadounidenses que, tras la retirada de los franceses a mediados del siglo XX, se convirtieron en la siguiente comunidad occidental cuya presencia tendría una destacada influencia en la sociedad laosiana. Cabe destacar que, a pesar de que la principal contribución estadounidense al pueblo laosiano fueron dos décadas de fuerte inestabilidad política y los dos millones de toneladas de bombas que lanzaron sobre Laos durante nueve años de guerra (1964-1973), convirtiéndolo en el país más bombardeado de la historia, hoy en día es extraño encontrar alguna manifestación abierta de rencor hacia los ciudadanos de esa nacionalidad.

Así pues, las impresiones que Laos y sus habitantes han producido sobre los viajeros occidentales desde el siglo XVII han sido a menudo contradictorias, pero algunos rasgos en los que casi todos han estado de acuerdo son que se trata de un pueblo de carácter apacible, que antepone las celebraciones y la harmonía social a la confrontación, y que tiende a valorar una ética de trabajo que no prima el progreso económico sobre cualquier otra consideración.

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