LAOS: POR QUÉ ES UN LUGAR TAN ESPECIAL Y POR QUÉ ES AHORA EL MOMENTO DE IR

Laos es un país en gran medida desconocido y rodeado de un cierto halo de misterio, alejado del circuito turístico convencional. No fue hasta el año 1989 cuando el país se abrió al turismo internacional, y desde entonces éste ha ido aumentando de forma lenta pero regular, hasta llegar al momento actual en el que se da una situación única y muy apreciada por la mayoría de viajeros: ya existen en Laos unas infraestructuras turísticas que permiten al viajero gozar de unos buenos servicios y comodidades, y al mismo tiempo el turismo está muy y muy lejos de la masificación de los destinos más populares de la región, como Tailandia o Vietnam.

Existen muchas razones que hacen de Laos uno de los destinos más especiales del sudeste asiático. El pueblo laosiano es uno de los más acogedores y pacíficos del mundo, un pueblo que valora sobre todo el buen humor, la harmonía y un ritmo de vida pausado. Sus tradiciones están fuertemente marcadas por el budismo de la vertiente theravada, al mismo tiempo que las prácticas y creencias animistas se mantienen vivas desde tiempos ancestrales. Los espectaculares paisajes montañosos del país, están punteados por pueblecitos tradicionales donde viven más de medio centenar de distintos grupos étnicos, cada uno de ellos con su propia cultura, creencias e idioma. Numerosos ríos de caudal variable surcan el territorio del país, y entre ellos destaca el majestuoso Mekong, que atraviesa el noroeste del país y más adelante define la frontera natural que delimita los países de Laos y Tailandia. En el extremo sur del país, el río Mekong se ensancha enormemente para dar lugar a la región conocida como las 4.000 islas, donde se encuentran dos zonas de espectaculares cataratas sobre el mismo río, y donde viven algunos de los últimos ejemplares de los delfines Irrawaddy. Del atractivo natural de Laos cabe destacar también sus espectaculares y numerosas formaciones calcáreas de formas inverosímiles, y las numerosas cataratas que se encuentran especialmente en el altiplano de Bolaven, en el sur del país. Pueblo amante de las celebraciones, cada mes del calendario lunar laosiano cuanta por lo menos con una festividad destacada, cuya celebración a menudo se alarga durante varios días, y en la que la observancia de los ritos budistas se armoniza siempre con ágapes comunitarios donde no pueden faltar el licor de arroz y la “Beer Lao”. Laos cuenta con dos espacios declarados “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO: el centro histórico de la preciosa ciudad de Luang Prabang, para muchos la más bonita de todo el sudeste asiático, y las ruinas jemeres de Champasak, precursoras del conjunto de templos de Angkor, en Camboya.

A pesar de que Laos se ha ido popularizando como destino turístico durante los últimos años, el impacto del turismo es todavía muy bajo en comparación con la gran mayoría de países de la región, y ello permite a día de hoy que los viajeros puedan vivir una experiencia única y auténtica que les acerque a la vida tradicional del sudeste asiático. Pero aunque una gran parte del país se mantiene relativamente inalterada y ajena al cambio, las principales ciudades del país a lo largo del valle del Mekong (y muy especialmente la capital del país, Vientiane) están experimentando grandes transformaciones año tras año, por lo que es muy recomendable visitar Laos ahora, cuando todavía conserva su ritmo de vida tradicional, posiblemente el más pausado de todo el sudeste asiático.

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